“GANAR – GANAR” una actitud que nos hace ser más inteligentes y nos hace sentir mejor.

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En las dos últimas décadas se está escuchando hablar mucho de este concepto, sobretodo en ámbitos sociales y empresariales. El concepto de “Ganar – Ganar” fue descrita por Stephen Covey en su libro Los 7 hábitos de la gente efectiva y consiste en que en las relaciones interpersonales, sean del tipo que sean, nos beneficiamos a nosotros mismos sin perjudicar a los demás.

Ganar – ganar es el equilibrio que todos buscamos para tener una armonía en nuestras relaciones con los demás y en todas las acciones que llevamos a cabo. Significa que los acuerdos o soluciones son mutuamente beneficiosos, mutuamente satisfactorios; por lo tanto, con una solución de este tipo todas las partes se sienten bien por la decisión que se ha tomado.

Esta actitud hace que nos sintamos bien con nosotros mismos, que la construcción de nuestra propia imagen sea positiva, aumentando así nuestra autoestima. A veces, nos olvidamos de nosotros anteponiendo las necesidades de los demás (Perder – Ganar) ,haciendo que nos sintamos mal porque en el fondo no estamos actuando como nos gustaría. Otras veces puede que simplemente se busque el beneficio propio olvidándonos del otro (Ganar – Perder), lo que supondrá tarde o temprano un coste para la relación.

En definitiva, se trata de una filosofía de vida, una estructura mental y emocional que nos lleva constantemente a procurar el bien mutuo en las relaciones que establecemos. Esta manera de “ser” habla de personas generosas, justas, proactivas, comprometidas con el “nosotros”. Es una filosofía de interacción humana basada en nuevos y más justos hábitos, una forma de proceder inteligente y que nos proporciona mucho bienestar.

Como acompañamiento me gustaría compartir con vosotros un fragmento de “La buena suerte” de Alex Rovira, que refleja muy acertadamente el tema que nos ocupa.

Así pues, las cosas se habían puesto difíciles. No había agua en ninguna otra parte del Bosque Encantado. En fin ¿qué se le iba a hacer? Sid era una persona sensible, por eso, la mezcla de belleza, tristeza y ansiedad de la voz de la Dama del Lago le llevó a interesarse en el problema de la Dama, para ver si podía ayudarle.
— Y, decidme Señora, ¿por qué no sale agua del lago? De todos los lagos sale agua. De todos los lagos nacen arroyos o ríos.
— Yo… yo… — por primera vez, la voz de la Dama del Lago expresó una voz sin contrastes, una voz triste. Era una voz de dolor—. Porque en mi lago —prosiguió— no hay continuidad. No hay nuevos ríos que salgan de mí. En mí, solamente cae agua. Solamente recibo agua, pero ningún arroyo brota de mi seno. Por eso tengo que vivir siempre pendiente de que los nenúfares duerman para que puedan cantar durante la noche. Durante el día no duermo para velar el sueño de los nenúfares y durante la noche sus cantos no me dejan conciliar el sueño. Vivo esclava de mi agua. Por favor, márchate y no despiertes a mis nenúfares.
Sid se dio entonces cuenta de que lo que el lago tenía en abundancia era, precisamente, lo que a él podía hacerle falta: un arroyo de agua.
—Yo puedo ayudarte, le dijo Sid—. Pero dime una cosa: ¿tú sabes cuánto agua necesita un trébol?—. La Dama del Lago contestó.
— Necesitan agua en abundancia. Necesitan agua directa, agua de un arroyo. La tierra en la que nacen los tréboles debe estar siempre húmeda.
— ¡¡Entonces, entonces… yo puedo ayudarte a ti y tú puedes ayudarme a mí!!
— ¡¡Sccchhhhh!! No grites tanto, que ya has despertado a un nenúfar. Dime cómo.
— Si me dejas hacer un surco que parta de tu lago, un arroyo que nazca en ti, lograré que el agua no se acumule más en tu seno. No haré ningún ruido. Sencillamente haré un surco en la tierra y el agua saldrá de tu lago. De esta forma, no tendrás que preocuparte más por los nenúfares. Podrás dormir siempre que quieras. La Dama del Lago se quedó pensativa. Después, accedió:
—De acuerdo. Pero no hagas ruido—. Inmediatamente, la Dama del Lago, desapareció, ante el asombro de Sid.
Sin esperar un instante, éste improvisó con su espada una azada, que colgó de la parte trasera de su caballo. Cabalgó de nuevo hacia el terreno escogido. A medida que cabalgaba, la espada creaba una profunda zanja y el agua los seguía, descargando al lago de su pesada carga. El agua llegó hasta la tierra fresca y nueva. Sid lo había conseguido: había encharcado la tierra creando un arroyo directo, que nunca había existido antes en el bosque encantado. Era el primer arroyo que jamás había existido en ese bosque.
Se puso a dormir junto al espacio que había creado. Reflexionó sobre lo ocurrido y recordó lo que siempre le había dicho su maestro: la vida te devuelve lo que das. Los problemas de los demás son a menudo la mitad de tus soluciones. Si compartes, siempre ganas más. Era justamente lo que había pasado: estaba dispuesto a renunciar al agua, pero cuando comenzó a entender el problema de la Dama, fue cuando, paradójicamente, se dio cuenta de que ambos necesitaban lo mismo, y de que en una sola acción, los dos salían ganando.

Espero haberos llamado a la reflexión.

35 pequeñas alegrías que dan sentido a la vida.

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¿Estamos convencidos de que la clave de la felicidad está en apreciar las pequeñas maravillas de la vida cotidiana? ¿Hemos reflexionado lo suficiente sobre ello? Quizás no, quizás lo pasemos por alto muchas veces y dediquemos demasiado tiempo a esperar de la vida algo más.

Hay diferentes estudios que corroboran la misma idea, que después de haber conseguido algo que deseábamos mucho no nos asegura la felicidad futura, no nos sentimos más felices por el hecho de haberlo conseguido. En ocasiones nos obsesionamos por alcanzar la felicidad y ponemos el foco en aquello que nos falta olvidándonos de todo lo bueno que tenemos.

La buena vida es la suma de las pequeñas cosas cotidianas que nos suceden o que hacemos que nos sucedan. Por eso te propongo un reto: Practicar las pequeñas alegrías que nos proporciona el día a día, gestos que podemos hacer y que están al alcance de cualquiera de nosotros.

La felicidad no es más que apreciar los pequeños detalles de la vida cotidiana, valorar el aquí y el ahora, el momento que vivimos y exprimir cada instante. Algunas de estas sencillas alegrías pueden ser acciones que realizamos diariamente y que pasan desapercibidas, otras pueden que no las hagamos porque damos prioridad a otras cosas. También las hay extraordinarias por su poder saludable, y que aunque no las hagamos a diario podemos, de vez en cuando, buscar el momento para hacerlas.

Te dejo una lista amplia, elije las que más te gusten, entrena cada una de las acciones hasta que se conviertan en un hábito, sólo así las incorporaras a tu repertorio conductual y se automatizarán. Date la oportunidad, estoy segura de que tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

1. Comparte momentos con aquellas personas que realmente te quieren y te hacen sentir bien (amigos y familia).
2. Haz ejercicio físico, dedica una hora al día a caminar.
3. Date un baño en el mar y respira profundamente mirando al horizonte.
4. Escucha música, en especial canciones que te hagan sentir especialmente feliz.
5. Canta, baila, salta.
6. Pasea por la orilla de la playa.
7. Besa y abraza y que te besen y abracen.
8. Sonríe en cualquier momento, aunque estés sólo.
9. Lee, da lo mimo si no son novelas, pueden ser ensayo, biografías, revistas especializadas,…
10. Da las gracias todas las noches por lo que tienes o por lo que te ha ocurrido en el día.
11. Desafía tus capacidades, proponte aprender algo nuevo.
12. Elige aficiones que te lleven a crear algo (cocina, jardinería, pintura, costura, construcciones,…).
13. Aprende el arte de relajarte a través de la meditación, respiración y visualización.
14. Cuéntale un cuento a tu hijo, sobrino o vecino.
15. Relaciónate con personas que comparten una misma pasión e idea que tú.
16. Ve al campo o la montaña y piérdete por algún camino.
17. Practica sexo.
18. Adopta una postura corporal erguida, ponte derecho y mira al frente.
19. Date un baño en la bañera con sales minerales y a la luz de las velas.
20. Disfruta del silencio, busca ese lugar que te lo proporcione.
21. Ayuda a los demás, de la manera que tú elijas.
22. Toma el sol.
23. Ríete, relativiza y desarrolla tu sentido del humor.
24. Aliméntate bien, ten una dieta sana y equilibrada.
25. Piensa y adopta una actitud positiva ante las situaciones que se te presenten.
26. Date una ducha, cierra los ojos y siente como te cae el agua (si te atreves, sal un día de casa cuando esté lloviznando y mójate).
27. Escribe sobre lo que piensas, haces y/o sientes.
28. Viaja, conoce algún lugar nuevo, aunque sea el pueblo de al lado.
29. Disfruta de una buena comida.
30. Juega, juega y no dejes de jugar.
31. Tomate una siesta cuando te sea posible.
32. Contempla la luna y las estrellas.
33. Puedes decidir tener una mascota y cuidarla.
34. Arréglate, cuida tu imagen sin obsesionarte.
35. Permítete aburrirte, y después ya se te ocurrirá algo que hacer.

Con estas pequeñas alegrías tu vida se enriquecerá sin darte cuenta, valorando lo realmente importante. Te invito a que lo compartas conmigo cuando lo pruebes.

“Lo improbable asombra a todo el mundo, lo cotidiano sólo al genio”.
Jorge Wagensberg

Practica el Mindfulness para aumentar tu bienestar

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Como ya expresaba en un artículo anterior sobre el Mindfulness (“Mejora tu ansiedad con técnicas de Mindfuness”), esta técnica de meditación basada en la atención plena es muy beneficiosa para abordar diferentes problemas psicológicos y emocionales. Si sientes que en tu vida hay demasiado estrés, te sientes desbordado por todo lo que tienes que abarcar, te preocupas en exceso por todo lo que ocurre a tu alrededor, tienes miedos que te frenan, sientes que en ocasiones pierdes el autocontrol, o a veces te sientes triste y con pocas ganas de hacer nada, quizás la práctica del Mindfulness te pueda ayudar.

En este artículo te doy algunas pistas de cómo te podrías introducir en este tema.

Practicar el Mindfulness implica desarrollar la atención plena, un tipo de consciencia que emerge de centrar la atención en el momento presente sin intención valorativa y con total aceptación; es decir, debemos prestar atención a las cosas tal como son en un momento determinado sin juzgar, sean como sean, y no como queramos que sean.

Características de la atención plena:

Es intencional, por lo que cuando la desarrollamos podemos ser más conscientes de la realidad presente y de las opciones que tenemos a nuestro alcance.
– Se centra en la experiencia y consiste en experimentar de forma directa el momento presente.
No juzga, se trata de ver las cosas tal como son en el momento presente y dejar que sean así.

Cuando nos sentimos mal, sea por el motivo que sea, el problema en sí mismo no son las sensaciones desagradables que podamos tener (miedo, enfado, tristeza), sino cómo reacciona nuestra mente ante ellas. Estas emociones persisten porque reaccionamos emocionalmente ante nuestras propias emociones. Las últimas investigaciones demuestran cómo nuestros estados emocionales pueden tener un efecto tan esencial en nuestras mentes, y es que cuando esas emociones desagradables surgen, los pensamientos y los recuerdos relacionados con ellas y que nos hizo infelices regresarán de forma automática.

Así que es probable que cuando nos sintamos mal nos dejemos sumergir en ese patrón de pensamiento negativo, ese pensamiento crítico que no nos permite salir de ese estado. Pero afortunadamente la evolución nos ha dado un recurso fantástico como alternativa a ese pensamiento crítico, la consciencia.

Esta consciencia es la que nos va a permitir desconectar intencionalmente el modo de piloto automático con el que funcionamos gran parte del día y experimentar las cosas a través del cuerpo y todos los sentidos.

Veamos un ejemplo de consciencia plena, propuesta por Thich Nhat Hanh, un famoso maestro de zen y profesor de Mindfulness en todo el mundo. Este describe dos maneras de lavar los platos: con consciencia plena, que es aquella en que se es completamente consciente del proceso y se observa el agua, el detergente, los olores, los sonidos, las sensaciones y el movimiento del cuerpo cuando se trabaja. La otra manera es lavarlos sin restar atención, mientras se piensa en otras cosas.

A continuación te propongo uno de los ejercicios más conocidos de Mindfulness para que te vayas familiarizando con esta técnica:

Comer una pasa: una primera experiencia de atención plena.

1. Sostener.
– Coge una pasa y sostenla en la palma de tu mano o entre los dedos pulgar e índice.
– Concéntrate en ella, como si acabaras de llegar de Marte y nunca antes hubierasvisto un objeto como éste.

2. Mirar.
– Tómate tiempo para verla realmente, mira la pasa con detenimiento y prestándole toda tu atención.
– Permite que tus ojos exploren cada milímetro de la pasa, examinando los relieves, en los que brilla la luz, las partes más hundidas y oscuras, y los pliegues y protuberancias.

3. Tocar.
– Haz girar la pasa entre tus dedos, explorando su textura. Puedes hacerlo con los ojos cerrados.

4. Oler.
– Aproxima la pasa a tu nariz, con cada inhalación, absorba cualquier olor, aroma que pueda surgir.

5. Llevarla a la boca.
– Ahora llévate la pasa lentamente a los labios. Suavemente sitúe a pasa en la boca y sin masticar, explora las sensaciones que le provoca tenerla en la boca, explora tambien con la lengua.

6. Saborear.
– Cuando sientas que es el momento, prepárate para masticar la pasa, notando cómo y dónde necesitas colocarla para masticarla. A continuación, muy conscientemente, mastícala una o dos veces y advierte cualquier ola de sabor que emane de ella mientras sigues masticando. Todavía antes de tragar, nota las sensaciones de sabor y a textura en la boca y cómo van cambian de un instante a otro.

7. Tragar.
– Cuando te sientas preparado para tragar la pasa, detecta y observa la intención de tragar antes de hacerlo.

8. Seguir.
– Finalmente, mira si puedes sentir qué ha quedado de la pasa en tu boca y observa cómo se siente tu cuerpo en su conjunto después de terminar este ejercicio de comer con atención plena.

El ejercicio de la pasa, aparentemente sencillo, nos puede llevar a reflexiones profundas e importantes y nos demuestra lo mucho que nos perdemos cuando desconectamos de la rica fuente de información procedente de la experiencia sensorial.

El divorcio, una oportunidad para crecer como personas

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Actualmente los índices de divorcios están aumentando, las relaciones de pareja duran menos tiempo que antes; cada vez más investigaciones confirman que estamos ante un fenómeno social nuevo en el que las familias están sufriendo una transformación.

El divorcio es cada día más frecuente y las consecuencias que éste tendrá en la vida de los adultos y especialmente en la de los niños dependen del manejo que se haga del proceso. Las parejas de hoy día se enfrentan a una realidad que les exige crear recursos personales suficientes para adaptarse a la situación y salir fortalecidos de ella.

Algunas parejas, cuando deciden separarse lo hacen de manera cordial y respetuosa; sin embargo, otras, lo hacen de manera negativa, con enfrentamientos continuos y provocando mucho sufrimiento tanto en ellos mismos como en sus hijos.

La ruptura de la pareja está considerada como uno de los acontecimientos vitales más estresantes que puede vivir una persona, como cualquier pérdida supone experimentar un proceso de duelo que supondrá pasar por diferentes etapas, que van desde la negación hasta la aceptación pasando por el enfado, la fantasía y la tristeza. Si entendemos esto será más fácil afrontar la situación y que lo veamos como una oportunidad para crecer y desarrollarnos como personas.

Este crecimiento personal lleva consigo el desarrollo de ciertos recursos que harán que vivamos la ruptura mucho mejor. Algunos de estos recursos son:

1. Saber perdonarnos por lo errores cometidos y también saber perdonar a la otra persona. El perdón nos ayuda a liberarnos del rencor y el resentimiento que nos hacen mucho daño.

2. La vida nos pone en una situación inmejorable para hacer cosas nuevas, iniciar nuevos proyectos y nuevas actividades nos ayudaran a sentirnos mejor.

3. Tratar con respeto a esa persona que en algún momento de nuestra vida ha sido tan importante, la relación entre vosotros mejorará y tus hijos te lo agradecerán. Por supuesto, hazte respetar tú también.

4. Salir del círculo de la violencia (si se ha entrado en él), esto sólo lleva a más sufrimiento. Romper con éste círculo, te corresponde a ti, no lo continúes. Recuerda que, para hacer el amor o la guerra, se necesitan dos. No te permitas ser generador o receptor de violencia de cualquier tipo.

5. Superar la soledad, tenemos que aprender a estar sólo, el hecho de no tener pareja no debe hacer que nos sintamos sólo (tenemos a nuestros hijos, padres, hermanos, amigos). Es una oportunidad para conocernos mejor y encontrarnos a nosotros mismos.

6. Los hijos, lo más importante de todo. Son nuestra responsabilidad, hay que seguir cumpliendo con nuestras obligaciones. Tienen que estar informados de la situación, debemos pasar tiempo con ellos y nunca hablar mal del ex.

7. Mejorar la comunicación es esencial para que haya entendimiento. Es necesario una actitud positiva y asertiva, donde se exponga con claridad el tema que se vaya a tratar y sin sacar cosas del pasado ni entrar en los reproches.

8. Dejar de tener el foco de atención en la situación de divorcio, llenar nuestra vida con otras cosas (ocio, amigos, hijos, trabajo) nos ayudará a sentirnos más completos y hará que tomemos distancia sobre el tema.

9. No idealizar el pasado. No pensar que todo fue perfecto o que todo fue horrible. Los pensamientos que tenemos acerca del pasado están bastante distorsionados por los sentimientos, nos cuesta ser realistas y objetivos.

10. La vida continúa, hay que mirar hacia delante. En momentos así es necesario ser optimistas, pensar que todo evolucionará a mejor. Tú eres importante y te tienes que cuidar para conseguir una buena calidad de vida, sentirte bien contigo mismo y con los demás.

Todo surge y todo desvanece, nada es permanente. Todo es pasajero y todo cambia. Todo está pasando, todo discurre; nada se detiene. Estos y otros pensamientos, y los recursos anteriormente citados, nos ayudarán a transitar el camino del cambio, y como decía Pilar Jericó en su libro “Héroes cotidianos”: “Nos facilitará el recorrido de la travesía del desierto, porque supondrá aceptar la derrota y el dolor, y asumir emociones incómodas, como la tristeza y la soledad,… Y confía en que cualquier pérdida es una ganancia en otro nivel, siempre se gestará un nuevo proyecto de uno mismo más libre y más autentico,… Y ten la certeza de que saldrás de ahí”.

Estrenamos año, ¡Bienvenido 2016!

Comenzamos este nuevo año con un poema precioso: “Viaje a Itaca” de Cavafis, que nos recuerda que lo importante es el camino y lo que aprendemos mientras lo recorremos. Con él os invito a la reflexión y espero que os sea útil e inspirador.

Itaca

VIAJE A ITACA

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Cavafis

Os deseo, de corazón, lo mejor para este nuevo año que ya comienza.

Besos y abrazos.

Ángeles Benítez

Reduce la ansiedad con técnicas de Mindfulness

Numerosos estudios e investigaciones corroboran los beneficios que la práctica del Mindfulness (tipo de meditación basada en la atención plena) tiene, demostrando como se producen cambios significativos en la forma de pensar, sentir y actuar de aquellas personas que la entrenan. Se trata de una técnica terapéutica de tercera generación, sus beneficios están científicamente demostrados y ha sido reconocida por instituciones universitarias y de salud de muchos países como un recurso eficaz para reducir los niveles de estrés.

El Mindfulness es una forma particular de consciencia conocida como atención plena, originaria de las tradiciones filosóficas procedentes de Asía. Estas prácticas han sido adaptadas y refinadas para ser utilizadas en el ámbito médico y psicológico; de hecho cada vez más psicólogos abogamos cada día por impartir programas de Mindfulness dentro de nuestro trabajo en las sesiones de psicoterapia.

Nuestra realidad a veces nos provoca estrés y angustia y en muchas ocasiones no la podemos cambiar, pero si podemos modificar nuestra manera de percibirla y nuestra actitud frente a ella.

Habitualmente somos presa de patrones generados por los hábitos (de pensamiento, de sentimientos y de acción) que reduce la alegría de vivir o nos impide ver las posibilidades que tenemos a nuestro alcance:

A veces rumiamos y nos obsesionamos por determinados asuntos y/o sufrimos anticipando la posibilidad de que un acontecimiento suceda.
– En otras ocasiones, en nuestra rutina diaria vamos acelerados y eso hace que generemos otro mal de nuestro tiempo: la multitarea. Hacemos varias cosas a la vez y no prestamos la suficiente atención a cada una de ellas, con lo que nuestro cerebro se fatiga y la calidad de la tarea disminuye.
– También la ansiedad puede venir generada por el dolor físico o emocional crónico que nos limita y no nos permite vivir con una buena calidad de vida.
Por todo esto se hace necesario salir de ese círculo vicioso para poder conseguir el bienestar y el equilibrio que todos deseamos tener en nuestra vida. Existe un poder insospechado en el hecho de vivir con plena consciencia cada momento vital, pudiendo reducir el estrés y la ansiedad que sentimos en el día a día. El Mindfulness y la práctica de la atención plena nos ayudan a conseguirlo.

El Mindfulness no es otra cosa que tomar conciencia de nuestra experiencia en cada momento y gestionar de forma más competente y saludable los pensamientos, emociones y conductas, y es hoy por hoy, una alternativa eficaz a la medicación y sobre todo una herramienta de prevención contra las enfermedades derivadas del estrés.

Para que un programa de Mindfulness sea eficaz y se puedan empezar a observar resultados óptimos es necesario que se practique como mínimo 8 semanas durante 20 minutos diarios.

Las ventajas de practicar la atención plena son muchas:
1. Reduce el estrés y la ansiedad.
2. Aumenta las emociones positivas.
3. Mejora la percepción del dolor tanto físico como emocional.
4. Ayuda a aclararnos en nuestras metas importantes.
5. Cambia la manera de percibir las preocupaciones, problemas y miedos.
6. Mejora la capacidad atención y concentración.
7. Aumenta el autocontrol emocional.
8. Amplia el estado de conciencia.
9. Mejora general del estado de ánimo triste y deprimido.
10. Ayuda a identificar las verdaderas prioridades en la vida y que la conducta sea coherente con ellas.
11. Mejora la calidad del sueño.
12. Incrementa la sensación de satisfacción y bienestar general.

Tras años de práctica y estudio sobre el Mindfulness (atención plena, conciencia lúcida) estoy convencida de la eficacia de este método, así que espero, de corazón, haberte animado a querer indagar más sobre el tema, con ánimo exploratorio e interés, ya que puede suponer un cambio para tu vida.

“La clave está en olvidarse de la felicidad como destino y empezar a considerarla una forma de viajar. La felicidad no es un objetivo sino la consecuencia de cierta forma de vivir y de pensar”. Ruth A. Bear

La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es una buena autoestima

Uno de los mejores regalos que los padres y las madres pueden ofrecer a los niños es un sentido positivo de sí mismos. Sin él, los niños crecen negativos, dependientes, inseguros, reservados, y además, serán más vulnerables a decir “sí” a las drogas y abandonarán los estudios.

La autoestima incluye todos los sentimientos y creencias que tenemos acerca de nosotros mismos y afecta a todo lo que hacemos en la vida. Es compleja, cambiante y está íntimamente relacionada con nuestro ser.
Los sentimientos positivos hacia nosotros mismos nos permiten desarrollar nuestro potencial, fijar metas afrontar los problemas, relacionarnos con otros, asumir riesgos, aportar algo a la sociedad y convertirnos en adultos felices y autorrealizados.

Los niños no nacen con autoestima, sino que ésta surgirá y crecerá constantemente durante la vida. La autoestima se desarrolla con las experiencias del niño y con las reacciones de los demás. Si tiene experiencias de éxito y recuerda una acción positiva, la autoestima aumenta. Si sufre fracasos y reacciones negativas, entonces disminuye. La autoestima no es el resultado de un éxito, de un comentario o de un aprendizaje; es la combinación de un sinnúmero de experiencias, interacciones e información que proviene de fuera. Las experiencias de la vida no serán todas positivas o negativas, pero ciertamente los niños necesitan más encuentros positivos que negativos para desarrollar un autoconcepto positivo.

Lo padres, hermanos, amigos y profesores tienen un profundo impacto en el desarrollo de la autoestima. La manera en que la sociedad ve al niño influye en la manera en que éste se ve a sí mismo. Todos los niños necesitan amor incondicional y confianza en que se les quiera por lo que son y no por lo que hacen.

Los niños con alta autoestima son con frecuencia: optimistas, entusiastas respecto a la vida; confiados; amistosos, interesados por los otos y corteses; felices y con sentido del humor; dispuestos a asumir riesgos y abordar situaciones nuevas; capaces de fijarse metas y d demorar la gratificación; adaptables y flexibles; independientes y autodirectivos; con éxito y orgullo personal en su trabajo; responsables de su tarea; ; preocupados por los demás; serviciales; solucionan los problemas; asertivos, expresan sus opiniones.

En cambio, los niños con baja autoestima suelen presentar estas características: tímidos y temerosos de tratar cosas nuevas; cambiantes y negativos; inseguros; egoístas; de bajo rendimiento; estresados; se quejan y culpan a otros; agresivos y coléricos; reservados y con dificultad para llevarse bien con otros; sumisos, imitadores; se conceden poca importancia a sí mismos; necesitan refuerzo constante.

Sin duda, los padres y las madres pueden hacer mucho porque sus hijos desarrollen una autoestima sana, algunas de las estrategias que pueden poner en práctica son:

1. Aceptar a los niños como son. Esta aceptación dará entrada a los sentimientos de autoaceptación.
2. Tratar a los niños como individuos. Apreciar sus diferencias y no compararles.
3. Ayudar a los niños a ver que son multidimensionales: “Yo soy buen…, pero tengo que trabajar en …”.
4. Los niños dicen cosas con su comportamiento. Hay que convertirse en “observador del niño”. Ser sensible a sus reacciones y comentarios.
5. Impulsar a los niños dándoles opciones.
6. Animarles a ser independientes, a aceptar responsabilidades y seguir hasta el final de la tarea.
7. Fiar reglas claras y poner límites, es importante para que le niño sepa que es lo que se espera de él.
8. Ser justo y coherente. En vez de castigar, ayudar a los niños a asumir las consecuencias de su conducta.
9. Seguir una agenda y una rutina, así los niños sabrán qué esperar.
10. Dar a los niños oportunidades para desahogar su energía y emociones con ejercicio y juegos al aire libre.
11. Puede ser positivo cometer errores. Evitar reacciones desmedidas cuando el niño haga algo mal.
12. No poner etiquetas, tales como “lento”, “desordenado”,…
13. Valorar la originalidad y la creatividad.
14. Escuchar lo que nos tienen que decir, así le mostramos que nos importan y les ayudamos a conocer sus pensamientos y sentimientos.
15. Animar a los niños a solucionar problemas.
16. Estar disponible. Dar a los niños tiempo de calidad y hablar con ellos individualmente.
17. Ser optimistas en los mensajes que transmitimos.
18. Fomentar el sentido del humor y reírse frecuentemente.
19. Celebrar los logros de los niños. Recordar sus éxitos pasados y comentar con ellos cómo están creciendo y cambiando.
20. Ayudar a los niños a fijar metas y a experimentar más tarde la recompensa.
21. Usar el estímulo en vez de las recompensas.
22. dejar que los niños nos escuchen por casualidad comentarios positivos sobre ellos.
Aunque es cierto que no podemos controlar las fuerzas exteriores, tenemos en cuenta las claves anteriores ayudaremos a nuestros hijos a que sean lo mejor que pueden ser.

Fuente: “Autoestima. ¿Cómo desarrollarla?”, Jean R. Feldman

Relacionarse bien para sentirse mejor

Las personas somos seres sociales, desde que nacemos necesitamos relacionarnos con nuestro entorno, con otras personas. Debemos relacionarnos de manera eficaz para sentirnos bien y así poder satisfacer nuestra necesidad de pertenencia al grupo y para ello tenemos que desarrollar habilidades sociales que nos ayuden a conseguirlo.

El estudio de las habilidades sociales ha experimentado un notable auge en los últimos años. Nuestra propia experiencia personal nos indica que pasamos un alto porcentaje de nuestro tiempo en alguna forma de interacción social ya sea diádica o en grupo y tenemos experiencia de que las relaciones sociales positivas son una de las mayores fuentes de autoestima y bienestar personal. Al mismo tiempo, comprobamos que la competencia social de un sujeto, tiene una contribución importante en su competencia personal puesto que hoy en día el éxito personal y social parece estar más relacionado con la sociabilidad y las habilidades interpersonales del sujeto que con sus habilidades cognitivas e intelectuales.

Por eso, es importante detectar que tipo de comunicación establecemos con los demás, así sabremos si nos estamos relacionando bien o no y el motivo, en muchas ocasiones, de que no nos sintamos bien. La manera más eficaz y correcta de comunicarnos es la asertiva, pero todos sabemos que hay personas que les cuesta relacionarse por problemas de inseguridad, timidez, los cuales pueden tener un estilo pasivo a la hora de comunicarse. Otras personas, sin embargo, desarrollan un estilo agresivo en la comunicación.

A continuación expongo las características de cada unos de los estilos de comunicación. Te ayudará a identificar cuál es el tuyo, a saber cómo te relacionas con los demás.

LA PERSONA NO-ASERTIVA, PASIVA O INHIBIDA

La persona no-asertiva no defiende los derechos e intereses personales. Respeta a los demás, pero no a sí mismo.

Comportamiento externo:
­ – Volumen de voz bajo / habla poco fluida / bloqueos / tartamudeos/ vacilaciones / silencios / muletillas (esto…no?)
­ – Huida del contacto ocular / mirada baja / cara tensa / dientes apretados o labios temblorosos / manos nerviosas/ postura tensa, incómoda
­ – Inseguridad para saber que hacer y decir
– Frecuentes quejas a terceros (“Nome comprende”, “es un egoísta se aprovecha de mí”)

Patrones de pensamiento:
­ – Consideran que así evitan molestar u ofender a los demás. Son personas “sacrificadas”
­ – “Lo que yo sienta, piense o desee, no importa, importa
­ – “Es necesario ser querido y apreciado por todo el mundo”
­ – Constante sensación de ser incomprendido manipulado, no tenido en cuenta

Sentimientos y emociones:
­ – Impotencia / mucha energía mental, poca externa / frecuentes sentimientos de culpabilidad / baja autoestima / ansiedad / frustración.

Este tipo de conductas tiene unas lógicas repercusiones y consecuencias para la persona que las realiza. Algunas son:
1. La pérdida de autoestima.
2. A veces, la pérdida del aprecio de los demás
3. La falta de respeto de los demás.
4. Pueden presentar problemas somáticos, es una forma de manifestar las grandes tensiones que sufren por no exteriorizar su opinión ni sus preferencias.
5. En ocasiones tienen repentinos estallidos desmesurados de agresividad, que son fruto de una acumulación de tensiones.

LA PERSONA AGRESIVA

Defiende en exceso los derechos e intereses personales, sin tener en cuenta los de los demás. A veces, no los tiene realmente en cuenta, otras, carece de habilidades para afrontar ciertas situaciones.

Comportamiento externo:
­ – Volumen de voz elevado / a veces: habla poco fluida por ser demasiado precipitada / habla tajante / interrupciones / utilización de insultos y amenazas
­ – Contacto ocular retador / cara tensa / manos tensas / postura que invade el espacio del otro / tendencia al contraataque

Patrones de pensamiento:
­ – “Ahora sólo yo importo. Lo que tú pienses o sientas no me interesa”
­ – Piensan que si no se comportan de esta forma, son excesivamente vulnerables
­ – Lo sitúan todo en términos de ganar-perder
­ – Pueden darse las creencias: “hay gente mala y vil que merece ser castigada” y/o “lo paso mal cuando las cosas no salen como yo quiero que salgan”

Emociones y sentimientos:
­ – Ansiedad creciente
­ – Soledad / sensación de incomprensión
­ – Baja autoestima
­ – Sensación de falta de control
­ – Enfado cada vez más constante y que se extiende a cada vez más personas y situaciones

Como en el caso de las personas no asertivas, los agresivos sufren una serie de consecuencias de su forma de comportarse:
1. Generalmente, rechazo o huída por parte de los demás.
2. Conducta de “círculo vicioso”, al ver a la otra persona enfadada aumenta su agresividad.
No todas las personas agresivas lo son realmente en su interior: la conducta agresiva y desafiante es muchas veces una defensa por sentirse excesivamente vulnerable ante los ataques de los demás o bien es una falta de habilidad para afrontar situaciones tensas.

LA PERSONA ASERTIVA

Las personas asertivas conocen sus propios derechos y los defienden, respetando a los demás, es decir, no van a “ganar”, sino a “llegar a un acuerdo”. Digamos que la asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás.

Comportamiento externo:
­ – Habla fluida / seguridad / ni bloqueos ni muletillas / contacto ocular directo, pero no desafiante / relajación corporal / comodidad postural
­ – Expresión de sentimientos tanto positivos como negativos / defensa sin agresión / honestidad /capacidad de halar de propios gustos e intereses / capacidad de discrepar abiertamente / capacidad de pedir aclaraciones / decir “no” /saber aceptar errores
­ – Conocen y creen en unos derechos para sí y ara los demás
– Sus convicciones son en su mayoría “racionales”

Sentimientos y emociones:
­ – Buena autoestima / no se sienten inferiores ni superiores a los demás / satisfacción en las relaciones / respeto por uno mismo
­ – Sensación recontrol emocional

También en este caso, la conducta asertiva tendrá unas consecuencias en el entorno y la conducta de los demás:
­ 1. Frenan o desarman a la persona que les ataque
­ 2. Aclaran equívocos
­ 3. Los demás se sienten respetados y valorados
­ 3. La persona asertiva suele ser considerada “buena”, pero no “tonta”.

Después de ver los diferentes estilos comunicativos con sus respectivas características, podemos reflexionar sobre cual es nuestro propio estilo, y así poderlo mejorar si fuera necesario, acercándonos a la asertividad que es el modelo de relación interpersonal por excelencia.

Tengamos presente que detrás de una dificultad para relacionarse correctamente suele haber problemas de ansiedad, baja autoestima, sentimientos de culpabilidad,… así que os animo a practicar la asertividad.

Fuente: “La asertividad, expresión de una sana autoestima” de Olga Castanyer Mayer-Spiess

La felicidad como escenario vital

Hace unos días se celebraba el Día internacional de la Felicidad, concretamente el 20 de marzo. Este día fue instituido por Naciones Unidad con el objetivo de que los Gobiernos crearan políticas públicas dirigidas al bienestar de las personas, para que éstas se sientan más satisfechas con sus vidas.

Siempre es bueno celebrar las cosas, y ¿porque no? también tenía que haber un día para celebrar la FELICIDAD, algo tan anhelado por el ser humano desde siempre.

El concepto de felicidad surge ya en tiempos remotos con grandes filósofos como Sócrates (para ser felices se centraba en principios como “¡conócete a ti mismo!”, “¡la verdad te hará libre!”), Aristóteles (para él la felicidad era “el fin supremo que perseguimos en todos los actos de nuestra vida”) o Séneca (que decía: ”Todos los hombres quieren ser felices, pero sólo lo consiguen quienes, gracias a la razón, ni desean ni temen”.

Estos y otros pensadores de la antigüedad establecieron los cimientos teóricos de este término que es la felicidad.
Después le han ido siguiendo otros psicólogos muy importantes como Abraham Maslow (con su pirámide de las necesidades humanas y la autorrealización como enfoque para conseguir la felicidad), Carl Rogers (que propone la terapia centrada en la persona: el autoconocimiento como base de la personalidad y que cada persona es individual y única), Martin Seligman (que se centra en las bases del bienestar psicológico y de la felicidad así como de las fortalezas y virtudes humanas ) o Mihaly Csikszentmihalyi (“la gente es más feliz cuando está en un estado de fluir: estado mental operativo en el cual una persona está completamente inmersa en la actividad que ejecuta”).

Éstos psicólogos han ido dejando su huella con la psicología humanista y positiva, la cual se centra en aspectos positivos de la persona, sus potenciales y su capacidad para superarse a si mismos. Después de años de experiencia en la práctica de la psicología de la salud, tanto con niños, adolescente y adultos, ésta es la corriente con la que más me identifico; trabajando en este sentido se consigue que el paciente/cliente se haga cargo de su vida, con sus circunstancias y su realidad, siempre desde un enfoque activo y eficiente, aprendiendo estrategias de inteligencia emocional, pensamiento positivo o resiliencia, entre otras.

Algunas de las claves para sentir que somos dichosos y que tenemos una vida placentera pueden ser:

1. Centrarnos en las emociones agradables y que nos hacen sentir bien. Adquirir las habilidades para amplificarlas y aumentarlas.
2. Enfocarnos en nuestra parcela personal (familia, amigos). Al ser seres sociales, las relaciones interpersonales juegan un papel muy importante en el sentimiento de la felicidad.
3. Comprometernos con nuestro trabajo desarrollando desde la conciencia aptitudes y actitudes que nos hagan más competentes.
4. Disfrutando del tiempo libre, realizando actividades que nos gustan y que se nos dan bien. Todos tenemos fortalezas que nos hacen sentir fuertes, diferentes y especiales.
5. Practicando la gratitud, ya que así es más probable que nos sintamos satisfechos. Tendremos esa sensación de bienestar que nos hace darnos cuenta de todo lo bueno que tenemos.

Y para la reflexión un pequeño cuento:

Era un maestro muy anciano y que siempre se había encontrado muy bien, pero se encontraba en la antesala de la muerte. Los discípulos no quisieron dejar pasar la oportunidad para preguntarle:

– Desde que te conocimos siempre has estado muy sosegado, muy armónico, pleno, contento. Por favor, revélanos tu secreto. ¿Qué has hecho para eso?
– Un día- repuso el anciano- me encontré inmerso en este cuerpo y en esta mente. O sea que se me habían dado estos instrumentos vitales para hacer el viaje de la vida. Ya que se me habían dado, me propuse que siempre los trataría con cuidado y con afecto, y así ha sido. Está en la naturaleza del cuerpo el decaer, pero mientras sea posible hay que cuidar con esmero estos instrumentos existenciales que son la mente y el cuerpo y mantenerlos armónicos.