apple sadness

Los padres y los educadores de hoy tienen un reto importante, y es el de educar a nuestros niños para que sean inteligentes emocionalmente. Actualmente se sabe que para tener éxito personal y profesionalmente no es suficiente con tener un cociente intelectual (C.I.) alto (buena atención, memoria, comprensión, velocidad de procesamiento,…). Esto no nos asegura que la persona sea feliz, ya que nos estamos olvidando de dos dimensiones fundamentales del individuo: la dimensión social y la dimensión emocional. Estos dos aspectos son los que abarca la Inteligencia Emocional (I.E.).

En los últimos años se ha podido observar un fenómeno que afecta a los niños de hoy, a este fenómeno se le conoce como efecto “Flynn” y efecto “Flan”. El efecto “Flynn” hace referencia a la investigación que realizó J. R. Flynn y que constató que los niños actuales habían aumentado su C.I. una media de 15 puntos por encima con respecto a generaciones anteriores, es decir las generaciones nuevas tienes un cociente intelectual más alto que las generaciones anteriores. Sin embargo, paralelamente, se ha comprobado otro fenómeno inquietante al que se ha denominado efecto “Flan”, y que muestra como los niños en la actualidad tienen un decrecimiento de sus habilidades emocionales respecto a generaciones anteriores. Están más confusos, sin reglas, nerviosos, impulsivos, agresivos, deprimidos,…

Así como el Cociente Intelectual está considerado una capacidad heredada genéticamente, en general las capacidades de la Inteligencia Emocional no se heredan, sino que se aprenden, adquiriéndose a lo largo del tiempo. Dado los grandes beneficios que el uso de las capacidades de la Inteligencia Emocional proporciona a la persona a cualquier edad, la enseñanza y el desarrollo de estas habilidades desde la infancia tiene una gran importancia. La vida familiar y el colegio serán los primeros sitios donde los niños comenzarán a practicar estas capacidades.

Ya que los problemas forman parte de la vida de las personas tenemos que saber afrontar estas situaciones adversas de la manera más adecuada posible. Y es por ello que los padres y los educadores deben ayudar a nuestros niños a que aprendan a conseguirlo.

El concepto de Inteligencia Emocional apareció por primera vez en 1990 gracias a los psicólogos Meter Salovey y John Mayer. Ellos la definían como: “La habilidad para manejar los sentimientos y emociones propios y de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar el pensamiento y la acción”.

Pero fue Daniel Goleman, el que más tarde popularizó este concepto cuando escribió su libro “Inteligencia Emocional”, que es uno de los libros más vendidos en el mundo sobre este tema. Goleman considera que la Inteligencia Emocional gira en torno a cinco capacidades:

1. Identificación de las propias emociones

2. Autocontrol emocional

3. Automotivación

4. Reconocer las emociones de los demás y empalizar

5. Aprender a relacionarse con otros niños

Como hemos dicho, la Inteligencia Emocional se aprende, por lo tanto podemos desarrollar la Inteligencia Emocional de los niños desde edades tempranas, así podrán resolver dificultades relacionadas con sus propios sentimientos y con los de los demás.

Ser una persona afectivamente sana implica ser una persona inteligente emocionalmente. Y ya que este aprendizaje requiere de toda la vida, todo el tiempo que dediquen los padres y los educadores a su enseñanza será un tiempo invertido de calidad a través del cual aumentaran las posibilidades de que nuestros niños sean más felices.

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Este artículo lo escribí para http://www.guadairainformacion.com/actualidad/1938/la-inteligencia-emocional-se-aprende

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